Guadalajara, Jal.- El ladrido constante, agudo y desesperado que provenía del cuarto piso de un edificio en la colonia Fovissste Estadio, al norte de Guadalajara, fue durante semanas la única señal de una tragedia oculta tras una puerta cerrada. Lo que vecinos denunciaron como una molestia terminó por revelar uno de los casos más extremos de acumulación y maltrato animal registrados en la zona metropolitana.
Tras obtener una orden judicial, autoridades estatales y municipales rescataron el pasado 22 de enero a 52 perros que vivían hacinados en un departamento de apenas 60 metros cuadrados, en condiciones de insalubridad, abandono y sufrimiento extremo. Algunos de los animales, debilitados por el hambre y el estrés, llegaron incluso a devorarse entre ellos para sobrevivir.
Ladridos que alertaron sobre el horror
La operación fue encabezada por la Fiscalía del Estado de Jalisco en coordinación con el Centro de Bienestar Animal de Guadalajara. De acuerdo con el director del organismo, el médico veterinario Guillermo Korkowsky, los primeros reportes —uno anónimo y otro de vecinos— sólo alertaban sobre ladridos incesantes.
Personal de Protección Animal acudió en dos ocasiones al inmueble, pero los ocupantes negaron el acceso. Ante la sospecha de maltrato, se dio aviso a la Fiscalía y se solicitó una orden de cateo, la cual fue concedida el 21 de enero.
“Cuando ingresamos, nos encontramos con un escenario que superó cualquier expectativa. Jamás pensamos hallar 52 animales en ese espacio”, relató Korkowsky.
Un microcosmos de sufrimiento y consanguinidad
Dentro del departamento, los perros —en su mayoría de talla pequeña y mediana— se desplazaban entre heces, orina y restos orgánicos. Aproximadamente 70 por ciento eran hembras, lo que permitió que la reproducción se saliera completamente de control.
“Una hembra puede reproducirse desde los seis meses y tener hasta dos partos por año. No sabemos cuánto tiempo estuvieron ahí, pero claramente hubo cruces entre animales emparentados”, explicó el veterinario.
Las consecuencias de la consanguinidad eran evidentes: malformaciones óseas, problemas en la columna y extremidades, además de animales que jamás habían tenido contacto con el exterior.
“Son perros que no conocieron la tierra, que siempre vivieron confinados. Es inédito que dos personas convivieran en ese espacio con tantos animales”, subrayó.
Tumores, abandono veterinario y canibalismo
La revisión clínica inicial confirmó la ausencia total de cuidados médicos. Ninguno contaba con vacunas o desparasitación. Muchos presentaban caída severa de pelo, uñas excesivamente largas, alteraciones hormonales y tumores, la mayoría con características cancerígenas.
Sin embargo, el hallazgo más impactante fue la evidencia de canibalismo.
“Encontramos casos en los que los animales se devoraban entre ellos. Eso ya son palabras mayores y dimensiona el nivel de estrés, abandono y desesperación que vivían”, afirmó Korkowsky.
Especialistas señalan que este comportamiento extremo es consecuencia directa del hacinamiento, la falta de alimento y la competencia por recursos mínimos.
Pronóstico reservado y rehabilitación
Los 52 perros fueron trasladados al Centro de Bienestar Animal, donde se les abrió un expediente clínico individual. Actualmente se les practican análisis sanguíneos, estudios de imagen y tratamientos médicos especializados.
“El estado general no es bueno y el pronóstico es reservado. Aun así, vamos a agotar todos los recursos disponibles”, señaló el director del centro. En los casos donde la recuperación no sea viable, se brindarán cuidados paliativos de por vida.
El objetivo, a largo plazo, es lograr la rehabilitación física y emocional de los animales para que puedan ser dados en adopción responsable.
Dueños sin detención, investigación abierta
Pese a la gravedad del caso, la Fiscalía de Jalisco informó que los propietarios —un hombre y su madre— no fueron detenidos, ya que permitieron el traslado de los animales una vez presentada la orden judicial y, de acuerdo con las indagatorias, no se acreditó dolo, es decir, intención directa de causar daño.
Las autoridades mantienen abierta la carpeta de investigación y confirmaron que ambas personas reciben acompañamiento psicológico y social, al detectarse posibles rasgos del síndrome de acumulación, un trastorno asociado a problemas de salud mental.
Llamado a la adopción y a la tenencia responsable
El caso reavivó el debate sobre el maltrato animal y la necesidad de fortalecer la cultura de adopción. Korkowsky hizo un llamado a la ciudadanía a optar por animales criollos.
“No manejamos catálogos de razas. Los perros criollos sienten, aman y son tan agradecidos como cualquier otro”, afirmó.
En lo que va de la actual administración municipal, el Centro de Bienestar Animal ha atendido cerca de 3 mil reportes de posible maltrato, de los cuales 119 requirieron rescate con apoyo de la Fiscalía.
Mientras los 52 perros luchan por recuperarse, su historia queda como un recordatorio contundente: detrás de un ladrido persistente puede esconderse un grito de auxilio, y la protección animal no es sólo un acto de compasión, sino una responsabilidad social que exige vigilancia, prevención y marcos legales más sólidos.
La pesadilla en el cuarto piso de Fovissste Estadio terminó; la batalla por salvar estas 52 vidas apenas comienza.