febrero 3, 2026

Museo del Desierto retoma la reproducción del lobo mexicano con nuevos ejemplares en cuarentena

enero 27, 2026

Saltillo, Coahuila.– Medio siglo después de haber sido declarado extinto en vida silvestre, el lobo mexicano (Canis lupus baileyi) avanza, paso a paso, en su proceso de recuperación. Con más de dos décadas de trabajo continuo en conservación, el Museo del Desierto de Coahuila (MUDE) retoma los esfuerzos de reproducción de esta emblemática especie con la reciente llegada de cuatro nuevos ejemplares macho, actualmente en periodo de cuarentena.
A través del área de Desierto Viviente, el MUDE busca nuevamente la reproducción en cautiverio con miras a la liberación en vida silvestre, ya sea de estos lobos o de su descendencia. Los ejemplares provienen de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (Cepanaf), del Estado de México, y arribaron a Saltillo el pasado 9 de enero.
Fernando Toledo González, director de Desierto Viviente, explicó que durante esta etapa los lobos se mantienen aislados para garantizar su adaptación y descartar cualquier riesgo sanitario. “Solo se revisan sus heces fecales y su dieta, se observa su comportamiento y se verifica que no presenten parásitos o enfermedades. Una vez concluida la cuarentena, pasarán al área de albergue”, detalló.
Reproducción sin contacto humano
Uno de los principios fundamentales del programa es evitar cualquier interacción humana con los ejemplares. Toledo subrayó que el contacto con personas reduce significativamente las posibilidades de supervivencia en vida silvestre, además de que estas limitantes pueden transmitirse genéticamente a las crías.
“Son lobos que traen una historia curiosa. Eran animales omega en sus manadas, es decir, los de más baja jerarquía. No son hermanos ni están relacionados entre sí. Hubo conflictos entre ellos y se decidió juntarlos como experimento. Confiamos en que se adapten bien a sus nuevas instalaciones”, explicó.
De la extinción a la esperanza
El lobo mexicano es la subespecie de lobo más pequeña de Norteamérica y, hasta 1976, fue considerado extinto en vida silvestre tras décadas de campañas de erradicación en México y Estados Unidos, que incluyeron cacerías, trampas y envenenamientos, bajo la creencia de que era una amenaza para el ganado y las personas.
Históricamente, su distribución abarcaba desde el suroeste de Estados Unidos hasta el centro y sur de México, recorriendo las sierras Madre Occidental y Oriental. A partir de algunos ejemplares resguardados en zoológicos y ranchos, se inició un programa binacional de conservación que hoy se conoce como MWSAFE.
“Ya no está extinto, ahora está en peligro de extinción. Sigue siendo grave, pero es un avance enorme: hay lobos en vida silvestre y el programa ha demostrado que es viable y funciona”, afirmó Toledo.
El MUDE y su papel en la conservación
El Museo del Desierto se integró formalmente a los esfuerzos binacionales en 2009, tras cumplir durante varios años con los estrictos requisitos del Comité de Colaboración Binacional para la Recuperación del Lobo Mexicano. Ese año recibió su primer grupo de seis hembras provenientes de Wolf Haven, en Seattle.
Desde entonces, el MUDE ha sido una pieza clave en la reproducción de la especie: en sus instalaciones han nacido 27 cachorros, que posteriormente fueron trasladados a otras sedes del programa. Actualmente alberga dos hembras y recientemente compartió cuatro machos nacidos en Saltillo.
Uno de los traslados más recientes respondió incluso a razones médicas. Uno de los lobos desarrolló alergia al polen de árboles sicomoros presentes en el albergue, lo que obligó a moverlo a otra institución junto con su manada para evitar una interacción humana constante que comprometiera su futura liberación.
Decisiones binacionales y cifras actuales
Aunque las instituciones civiles se encargan del cuidado, los lobos no les pertenecen. Cada año, el consejo binacional define el destino de los ejemplares: quién reproduce, quién se traslada y cuáles son candidatos a la vida silvestre.
Tras más de 20 años de trabajo conjunto, existen alrededor de 620 lobos mexicanos en México y Estados Unidos, entre vida silvestre y cuidado profesional. De ellos, 338 están bajo manejo humano, mientras que en México se contabilizan 112 ejemplares en diversas instituciones. En vida libre, Estados Unidos registra cerca de 300 lobos, pero en México apenas se alcanzan unos 30.
“La diferencia tiene que ver con la aplicación de la ley, la cultura y el cuidado de la naturaleza”, señaló Toledo. Recordó que cazar un lobo, al igual que otras especies en peligro como el jaguar u oso, es un delito federal que puede castigarse con hasta nueve años de prisión.
Retos pendientes
Entre los principales desafíos para la conservación del lobo mexicano se encuentran la falta de espacios adecuados para su manejo, la necesidad de sumar más instituciones al programa y, sobre todo, la concientización social.
“El lobo no es el villano de los cuentos. No ataca a las personas salvo provocación y es muy raro que ocurran incidentes”, enfatizó Toledo. Explicó que los ataques a ganado suelen darse cuando el ecosistema está degradado y escasean sus presas naturales, como conejos, liebres y venados.
Actualmente, las liberaciones son coordinadas por la Semarnat y la Conanp, con estudios previos de hábitat en regiones como la frontera entre Chihuahua y Sonora, y nuevas evaluaciones en las sierras de Durango. Algunos lobos portan collares GPS que permiten monitorear su comportamiento, salud y desplazamiento; gracias a ello, en 2024 se reportaron nacimientos en vida silvestre.
“Genéticamente estamos cerca del 80 por ciento de recuperación. Todos los lobos tienen registro genealógico y las parejas se asignan cuidadosamente. Incluso contamos con opciones de reproducción asistida”, concluyó Toledo.
A 50 años de su desaparición en la naturaleza, el lobo mexicano vuelve, lentamente, a reclamar su lugar en los ecosistemas del país.